Día 7: Trasnos llegando al fin de la tierra

RUTA LIRES – FARO DE FISTERRA

VIERNES 28 MAYO 2021

En este camino de diversidad natural única no podía faltar esta última etapa. Desde Lires Fisterra una sucesión de imponentes acantilados y playas vírgenes van surgiendo uno tras otro en una costa dura, donde nos siguen apareciendo historias en cada punta como la del Cason, naufragio que provocó un éxodo masivo de toda la comarca. Paisajes únicos que nos irán acercando al Faro de Fisterra, colofón de esta aventura y final de un camino que tardarás mucho tiempo en olvidar.  

Dificultad ALTA
Dificultad ALTA
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21.9 kilómetros
Dificultad ALTA
9 horas
Dificultad ALTA
+- 1100 m desnivel

playas donde el Atlántico ruge...
acantilados verticales...
historias en cada piedra...
y un camino inolvidable...
Trasnos llegando al Fin de la Tierra
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Esta última etapa de nuestro Camiño dos Faros comienza en Lires, aldea con mucho encanto y ya acostumbrada al peregrino, que pasa entre hórreos y casas rurales restauradas con mucho gusto. La oferta de alojamientos es amplia y variada, por lo que os la recomendamos para pasar unos días.

Lires fue siempre el ejemplo de trabajo en común, una vecindad que ya demostró esa unión a finales de los años 60, como muestra este antiguo documental, en el que se ve todo el proceso realizado para la instalación de agua. En Lires nos encontramos algunas de las primeras casas rurales de España. Casa Lourido y Casa Raúl, que continúan hasta nuestros días, entraron a formar parte en 1968 del programa del Ministerio de Turismo llamado Vacaciones en Casas de Labranza, germen del actual turismo rural.

La Igrexa de San Estevo fue construida en el siglo XVII sobre los restos de una anterior, más cercana a la ría. Desde el puente parte el Camino de Santiago a la izquierda, pero nosotros continuamos por O Camiño dos Faros, por el cementerio a la derecha para descubrir este paraíso natural: la Ría de Lires .

La Ría de Lires es la más pequeña de Galicia y se forma en la desembocadura del Río Castro en la Praia de Nemiña. Desde el puente comenzamos el cómodo paseo por este paraíso natural, entre las sombras de los árboles que crecen en sus orillas. Al llegar a la piscifactoría, estos pequeños regatos se juntan con el Río Castro, más caudaloso, para formar la ría. Este entorno es el hábitat perfecto para un buen número de aves, sobre todo, gaviotas, cormoranes y garzas, que encuentran comida fácil entre los restos que vuelcan al mar, además de tener un entorno tranquilo y lejos de la presencia del hombre.

Las mareas van modificando el paisaje totalmente dos veces al día, y cada vez que pasamos nuestras sensaciones son diferentes. Así llegamos a la Praia de Lires, un pequeño y tranquilo arenal que se forma en este lado de la ría. Fijaros si es pequeña que en la desembocadura se puede cruzar en verano en marea baja con el agua por los tobillos. Todo el conjunto visto desde allí es una de las mejores panorámicas de este Camiño dos Faros: la Praia de Nemiña, con sus mil caras, la gran duna cubierta de vegetación y toda la desembocadura, que va mudando también de un año a otro. Búscate tu rinconcito y llena los sentidos…

Desde la Praia de Lires a la del Rostro, O Camiño dos Faros se mete en un tramo por el que vamos a ver el litoral de Canosa, antiguamente llamado Ribeira de Calvoa, desde todas las perspectivas, con los acantilados de Punta Lagoa y la Mexadoira como principales protagonistas. Es un tramo complicado del camino, no os metáis con condiciones de viento o lluvia fuertes, pero fijaros bien en las flechas y no tendréis ningún problema.

Es alucinante… y difícil de describir. Los acantilados caen en vertical sobre una base de rocas que, con el mar rompiendo y el peñón de granito rojo, confieren un paisaje muy peculiar. Al final del acantilado, un regato que baja del monte cae en los bolos de la costa, formando una pequeña cascada. Tened cuidado y no os acerquéis mucho al borde ni bajéis a sacar la foto de la cascada, porque todas esas rocas están muy resbaladizas y es muy difícil aguantar el equilibrio. Cuando llegamos y nos damos la vuelta, es cuando realmente admiramos, sin ningún peligro, toda la belleza de este lugar. Otra vez un tramo salvaje único del Camiño dos Faros… y desconocido para la mayoría.

Salimos de Mexadoira y ya vemos la inmensidad de la Praia do Rostro, otra maravilla salvaje de esta Costa da Morte. Una oda al mar, a la salitre y al aire puro… un completo lujo para los sentidos en estos casi dos kilómetros de playa. Abierta al Oceáno Atlántico, el constante viento que allí golpea durante buena parte del año ha formado un extenso sistema dunar, con alturas importantes y llenas de vegetación, lo que en algunas épocas del año le da un colorido que lo cubre todo.

Cruzamos los casi dos kilómetros del Rostro por la orilla del mar, sin prisa y disfrutando cada paso del paraíso que tenemos tan cerca. Escucha el ruido de este mar que en pocos sitios escucharas rugir como lo hace aquí… O Camiño dos Faros, una sensación en cada paso.

Subimos de la playa y la panorámica desde la Punta do Rostro es impresionante. Tenemos que tener cuidado de no acercarnos mucho y contemplaremos esta maravilla en todo su esplendor: acantilados que caen en picado hacia el océano, con la Punta Castelo al fondo, mirando desafiante. Justo aquí, en medio de esta explosión de vida, se produjo uno de los sucesos que cambió por unos días la vida de una comarca entera. La mañana del 5 de diciembre de 1987 el carguero de bandera panameña Casón navegaba a 15 millas de Fisterra con 31 tripulantes, todos de nacionalidad china, con una carga cocktail de 1100 toneladas de productos químicos inflamables, tóxicos y corrosivos con destino a Shangai. En medio de un fuerte temporal, sufre un movimiento de la carga que provoca un grave incendio a bordo.

El capitán, único conocedor de la carga real, ordena abandonar el barco. En medio del humo y los gases tóxicos muchos se tiran al mar, todo antes de permanecer en aquel infierno flotante que estaban metidos. Los medios de salvamento únicamente rescatan con vida a 8 de sus tripulantes. A partir de ahí surgen las más variadas hipótesis sobre la carga del barco y empieza a cundir la preocupación en la gente hasta que, en la tarde del 10 de diciembre y emitido en directo por la televisión, la carga vertida al mar provoca explosiones al contacto con el agua y el barco, en medio de una nube de humo, parece que va a estallar de un momento al otro. Esto alarma definitivamente a la población, ya intranquila debido a la falta de coordinación y a la información contradictoria de autoridades y medios de comunicación. Ante tal declaración, se produce una huida masiva por sus propios medios de los vecinos que escapan despavoridos hacia poblaciones más lejanas y seguras.

En la cumbre de Punta Castelo y adentrándose en el mar, nos encontramos con otro vestigio de la historia de muchos siglos atrás, nada menos que de la Edad de Hierro: el Castro de Castromiñán. Cuando nos vamos acercando, distinguimos perfectamente bajo la mata de toxo las dos murallas que lo circundan. A primera vista nos parece un lugar inhóspito pero, como en todos los castros, la ubicación no es casual, aprovechando el agua de varios manantiales que surgen allí mismo. Nuestros ancestros se las ingeniaron creando una atalaya artificial en la parte más alta para protegerse de los vientos más fríos. Desde las alturas podían controlar todo sin ser vistos y, rodeados de precipicios, no necesitaban ninguna otra defensa.

A su lado, la Punta Gavioteira, otro acantilado desafiante. Su nombre no nos extraña…que mejor sitio para vivir siendo una ave marina que estos parajes solitarios. Desde allí podemos ver perfectamente nuestro siguiente destino: la playa de Arnela y los acantilados del Cabo de la Nave.

Después de recorrer todo el acantilado, llegamos al Bosque da Arnela, única sombra de toda la etapa y un buen sitio si necesitas una parada. La Praia de Arnela, completamente aislada y bastante protegida, aparece como un remanso de tranquilidad entre los acantilados de Punta Castelo y el Cabo de la Nave. Rodeada de un hermoso complejo dunar, es una playa muy peligrosa para el baño.

Por el sendero que bordea la Praia de Arnela llegamos a los primeros acantilados del Cabo da Nave. Toda esta etapa nos ha llevado por una costa agreste y abrupta, que hemos ido atravesando por las alturas, pero este tramo no tiene comparación. Durante dos kilómetros y medio, iremos ascendiendo progresivamente por un sendero, desde una altura de 40 metros hasta los 220 metros de las antenas del Cabo da Nave. Un tramo duro que deberemos tomar con muchísima tranquilidad y que tiene difíciles escapatorias. Desde el sendero vemos todos estos acantilados salvajes que caen en picado hacia un Océano bravo, salvaje, tenebroso… El sendero es espectacular y volvemos a estar en una ruta de montaña al nivel del mar

En la segunda parte del tramo el sendero, aunque sigue en continua pendiente, es más fácil de andar. Después de esta dura caminata, llegamos a las antenas del Cabo de la Nave, donde aprovecharemos para descansar un poco antes de afrontar los últimos kilómetros de este Camiño dos Faros. Las vistas desde esta azotea son espectaculares. El monte que cae en picado, la playa de Mar de Fora y el imponente Monte Facho, que esconde en su final nuestra meta: el Faro de Fisterra.

Con sus quinientos metros de longitud y algo más recogida que las anteriores, La Praia de Mar de Fora no deja de ser una playa orientada al mar abierto, ideal para pasear y respirar ese fresco olor que lo inunda todo, pero muy peligrosa para el baño.

Desde allí, por el camino empedrado, llegamos al Bar da Insua, donde hacemos la última y necesaria parada de avituallamiento de O Camiño dos Faros. Este bar es de esas pequeñas cosas que tanto nos gusta a los trasnos darle vida. Podéis ver el mural realizado por Teresa Candal y, aunque las ansias por llegar son muchas, vamos a descansar y agruparnos para llegar todos juntos al final, el mítico Faro Fisterra.

Empezamos nuestro tranquilo ascenso a Monte Facho por el Camiño da Insua, antiguo sendero encajonado entre rocas. Monte Facho es un lugar de leyenda. En Duio se han hallado numerosos restos arqueológicos que indican que allí pudo haber estado Dugium, la gran ciudad de los antiguos pobladores célticos de estas tierras, los nerios. Y que aquí, en la cima de Monte Facho, tenían su altar del sol: el Ara Solis, donde hacían sus ritos paganos de culto al astro rey.

Monte Facho ha sido también, desde tiempos inmemoriales, un lugar clave en la navegación. Antes de la construcción del faro en 1853,en su cima se encendían hogueras para guiar a los barcos que surcaban estas difíciles aguas o para avisar a las ciudades, mediante el encendido de otros fachos, de las incursiones enemigas en esta costa. A unos cientos de metros mar adentro y desafiante, vemos la restinga de O Centolo. Esta roca de 25 m de altura, es golpeada una y otra vez por el fuerte mar formando un perfecto hábitat para los ricos percebes que se crían allí.

El último repecho, de mucha pendiente y con terreno pedregoso, es la traca final de este camino, la que nos dice por última vez que el que algo quiere algo le cuesta. Al llegar arriba, el premio no es poco: las primeras vistas del Faro Fisterra, al que llegamos por un camino totalmente distinto al resto: O Camiño dos Faros. La visión que se presenta nos impresiona, como ya lo había hecho con los romanos y peregrinos llegados aquí en todas las épocas. A nuestros pies, la inmensidad del Oceáno Atlántico es recorrida por miles de embarcaciones que día a día cruzan este corredor marítimo.

El Faro de Fisterra, de primer orden, fue construido en 1853 para señalizar este punto geográfico clave en la navegación. La torre octogonal de cantería mide 17 metros y su linterna, situada a 138 metros sobre el nivel del mar, alcanza más de 30 millas náuticas. Originalmente funcionaba con lámparas de aceite, cambiándose posteriormente a lámparas de incandescencia, que emiten un destello cada 5 segundos.

El conjunto se completa con el edificio del Semáforo, construido en 1879 para dar señales a la marina de guerra. En la actualidad, después de una rehabilitación, es un pequeño y curioso hotel en el fin de la tierra. Si miramos para el sur, toda la Ría de Corcubión, las islas de la Lobeira y el imponente Monte Pindo completan este mirador natural.

Y aquí, en el Finis Terrae de Decimo Junio el Bruto, es donde finaliza O Camiño dos Faros que nos llevó a los trasnos por toda la Costa da Morte. Un Camiño dos Faros que recorre muchos paisajes diferentes, siempre mirando cara al mar y cara al oeste. Faros, playas, dunas, ríos, acantilados, bosques, estuarios con una gran cantidad de aves, mares de granito, castros, dólmenes, villas marineras, miradores al mar que rompe de todas las formas posibles, puestas de sol… En resumen, una ruta de senderismo como pocas y que llevará al trasno caminante a un mundo de sensaciones únicas que sólo se pueden disfrutar en esta Costa da Morte.

Plan de Ruta

Km EtapaPuntoAltura (m)Km Total
0,0Lires37100,2
1,4Ría de Lires7101,6
1,8Playa de Lires26102,0
3,5Acantilado de Lagoa87103,7
5,1Acantilado de Mexadoira35105,3
6,8Playa de Rostro5107,0
8,6Punta Rostro30108,8
9,8Castro de Castromiñán64110,0
11,6Playa de Arnela84111,8
12,8Acantilados Cabo de la Nave105113,0
14,7Antenas Cabo de la Nave234114,9
17,6Playa Mar de Fora7117,8
18,5Bar da Insua72118,7
18,7Camiño da Insua89118,9
20,8Monte Facho228121,0
22,0Faro de Fisterra118122,2